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I Foro EGEDA - FIPCA

Algunos interrogantes para la reflexión, debate y definición de acciones

La demanda

El cine europeo y el iberoamericano han demostrado en repetidas ocasiones su valía artística y creativa en sus mercados nacionales, así como en múltiples festivales y foros. Sin embargo, en el campo de la distribución y de la comercialización han sufrido, salvo contadas excepciones, de falta de visibilidad y de continuidad, con un sentido más artesanal que industrial, después de años de políticas de ayudas al sector.

En estas circunstancias, el cambio digital obliga al cine europeo y al iberoamericano a “repensar” su futuro en el cambio de modelo, sin que este planteamiento conlleve crítica alguna. Conlleva una constatación: las audiencias del cine y sus demandas han cambiado, y ante este cambio hay que establecer nuevas estrategias de producción y distribución, con el fin de que  la oferta llegue a  la demanda, en un marco de nuevas oportunidades.

El público demanda, y cada vez con más intensidad,  independencia a la hora de elegir  qué ver, dónde, cómo y cuándo verlo. Las tecnologías y sus constantes innovaciones tienen  impacto inmediato en los patrones de la demanda. (Último ejemplo: el iPad).

Las audiencias  del cine europeo y del iberoamericano envejecen, por lo que atraer a públicos más jóvenes constituye una estrategia vital para el inmediato futuro.

Crece ampliamente la generación Internet, que demanda mayor capacidad de elección y concibe otros modos el entretenimiento. En ella convergen una generación “digital nativa”, cuya edad media no supera la treintena, y unas generaciones anteriores, los “inmigrantes digitales”,  que han debido  adaptarse a la nueva situación. Esta convergencia amplía el mercado potencial, que se segmenta en múltiples nichos especializados.

La interacción online y las redes sociales abren nuevas oportunidades al cine. Ahora todos somos parte del público activo.

La industria y el cambio

La industria necesita disponer de herramientas que le ayuden a saber cuándo y cómo  el cambio digital puede traducirse en monetización concreta, ya que siempre se ha invertido y mucho en talento e inspiración artística, pero poco en el análisis de los comportamientos  sociales de la audiencia, en los análisis cuantitativos y cualitativos generados por los analistas.

Una de las claves consiste en comprender que hasta ahora el cambio no lo ha liderado  la industria sino el “publico activo” y en mayor medida los diferentes operadores en el mercado de internet. El cambio está produciendo verdaderas tormentas sobre el modelo anterior – tsunami digital – sobre la demanda del antiguo modelo, como ya ocurrió en la industria de la música y del mundo editorial.

En estas circunstancias, no existe ni en Europa ni en Iberoamérica una industria cinematográfica articulada y coherente, sino una fragmentación gigantesca a lo largo de toda la cadena de valor.

El marco de la tormenta perfecta- la recesión económica + la crisis bancaria europea y norteamericana + los recortes de los fondos públicos- da como resultado un clima financiero difícil, cuando no imposible, que conduce a planteamientos empresariales y gremiales defensivos y proteccionistas. En este marco, el cine europeo y el iberoamericano se enfrentan a las siguientes amenazas:

  • Sobreproducción en relación con la capacidad de distribución en salas.
  • Recortes en los fondos públicos de las administraciones nacionales, regionales y locales.
  • Planteamiento de estrategias periféricas: ayudas a los cines pequeños para su digitalización, leyes antipiratería, leyes de desarrollo de la TV digital, sin que previamente se haya formulado una estrategia digital global.
  • El público del cine de autor envejece, se le llama el “cine de papá”, es decir, se ha convertido en un cine irrelevante para los jóvenes.
  • El cine europeo ha sido expulsado de los canales comerciales de TV no ya en el prime time, sino prácticamente de las parrillas, salvo contadas excepciones.
  • El índice de piratería es muy alto.
  • Se desarrolla una cultura corrosiva que responde a las siglas GAL: gratis, abierto y libre.
  • La recesión económica mundial ha absorbido mucha financiación y especialmente la inversión privada.
  • Hay mucha competencia para captar la atención de los potenciales consumidores de ocio y muchos otros medios y plataformas de exhibición, más allá de las salas.
  • La cuestión es cómo se están gestionando los cambios. No se trata de emprender aquellas acciones que alivien los síntomas, sino las que ataquen a fondo las causas subyacentes.

    Por todo ello, el papel del productor creativo cinematográfico, con este nombre y apellidos inseparables, surge como una estrella de la galaxia cinematográfica que no solo no quita luz al resto de estrellas intervinientes, sino que debe contribuir a que aquéllas resplandezcan más que nunca ante las nuevas audiencias por conquistar.

    El modelo de negocio

    Dos modelos de negocio:

  • En el mundo analógico: desfases temporales (ventanas), derechos de autor, dominio empresarial, fronteras, audiencias locales, conformidad de las audiencias, cerrado. Estructura del átomo.
  • En el mundo digital: Inmediatez, libre acceso, democratización, a la carta, aldea global, abierto. Estructura de la red.
  • La revolución digital:

  • El problema no es tanto la demanda, que existe, sino la inadecuación de las estructuras para satisfacer dicha demanda
  • La evolución del comportamiento del público está dirigiendo el cambio, frente a una industria meramente reactiva
  • No existen respuestas analógicas eficaces para afrontar el reto digital
  • Las políticas de apoyo

    Todo lo anterior supone un reto y una grave responsabilidad para los promotores y ejecutores de las políticas públicas de apoyo, tanto nacionales y regionales como supranacionales (Programa Media e Ibermedia). Las nuevas políticas pasan por la promoción de “una cultura de la innovación empresarial, centrada en el publico”, fomentando que los productores encuentren a sus audiencias, las cultiven y adopten una perspectiva industrial de conjunto sobre el futuro del cine en la era digital, acompañadas de políticas de apoyo a los exportadores.

    Este planteamiento debe basarse en políticas de apoyo evolutivas y progresivas, desde la subvención hacia las ayudas retornables con condiciones, combinadas con deducciones fiscales, con revisiones establecidas a plazo medio con el objetivo de analizar su impacto y eficacia económica y cultural.

    El cambio de modelo de negocio, impuesto por la fragmentación de las audiencias y por los nuevos modelos de consumo, supone un cambio fundamental en la financiación, que debe pasar del corto plazo al largo plazo. Por ello, otra de las políticas de apoyo a la industria del cine debe basarse en mantener y facilitar la financiación de la producción y el acceso al mercado mediante la potenciación de fondos de garantía y / o sociedades de garantía recíproca que permitan a los operadores acceder al mercado del crédito en condiciones competitivas y acordes con la realidad del mercado comercial. 

    La conservación del patrimonio cinematográfico aparece como una de las prioridades que la tecnología digital puede contribuir a resolver. Debería ser una preocupación principal de los estados teniendo en cuenta la importancia cultural que significa la conservación y preservación de nuestra historia cinematográfica. Este tema, en el que todos los responsables manifiestan su acuerdo, no termina de resolverse ni en términos económicos, ni técnicos, ni en los espacios necesarios. En él cobran sentido las figuras del mecenazgo y los patrocinios.

    Las relaciones Cine / TV constituye otro de los pilares para el desarrollo de la industria cinematográfica. La multiplicación de canales con motivo de la TDT es una gran oportunidad para la industria del cine y la creación de mesas permanentes de diálogo con los canales de TV, debe formar parte de las políticas conducentes a reforzar y desarrollar la industria cinematográfica.

    Vivimos en una cultura de “consumo a la carta”. Esto significa que, como consumidores, queremos controlar nuestro tiempo de ocio, y que los productos de entretenimiento estén disponibles donde y cuando queramos y en el formato que deseemos.

    El concepto transmedia pretende “la creación de una comunidad activa en torno a un contenido”. La movilización del público constituye un factor clave en el proceso. Detrás de ello está el concepto de la “marca”. La interacción e implicación del público no es un mero extra, sino el meollo de esta nueva forma de negocio, ya que, entre otras cosas, significa nuevas formas de financiación. 

    La sobreproducción está considerada como uno de los problemas más graves de la producción europea y de la iberoamericana. El incremento de la producción ha generado una saturación del mercado de películas en un encorsetado sistema de salas de exhibición, sin darle salida directa a través de los múltiples canales de la TV digital o los restantes medios digitales. Se trata de un problema aritmético, y a su vez cultural, nunca considerado adecuadamente.

    El auténtico cambio ha venido de la mano de Internet, de su fácil acceso a los contenidos a través de tecnologías de bajo coste como los PC, los portátiles, los móviles de última generación y los iPad, la facilidad para hacer copias perfectas y difundirlas, no siempre legalmente, lo que ha afectado profundamente a la cultura juvenil, y no tan juvenil, actual. Las generaciones digitales, nativas e inmigrantes, se van haciendo mayores.

    Las incertidumbres

    Hay un círculo vicioso que es el siguiente:

  • Los productores no quieren invertir en copias digitales hasta que no haya suficientes salas con capacidad de proyectarlas. (Idéntico argumento para el cine S3D, estereoscópico 3D)
  • Por otro lado, los exhibidores no quieren invertir hasta que no haya contenidos digitales suficientes. (Idéntico argumento para el S3D)
  • Los distribuidores muestran sus dudas al ser cuestionados como intermediarios. (Idéntico argumento para el S3D)
  • Los problemas legales a que se enfrentan el cine europeo y el  iberoamericano cuando se habla de descargas se deben a que los contratos están atados a modelos tradicionales relacionados con territorios y ventanas temporales de exhibición, en muchos casos resultante de esquemas de ayudas públicas no actualizados. Otro de los problemas es el de la restricción de los puntos de exhibición. Ésta es una de las cuestiones a repensar: el potencial de los lanzamientos simultáneos aparece como una de las vías de futuro.

    El debate sobre el cine digital tiene tendencia a realizarse desde posturas auto-referenciales, interesadas, gremialistas, localizadas, defensivas, etc., lo que conduce a planteamientos conservadores. Por otra parte, el avance digital presenta lados oscuros: el avance es inconexo, desorganizado, mutante, impredecible y costoso. Aunque hay muchos defensores del mundo analógico, nos guste o no, estamos sumidos en un mundo de redes, interconectado y de entretenimiento ubicuo, con sus luces y sus sombras, pero sin vuelta atrás.

    No existe un único modelo de negocio digital, sino una multitud de modelos diferentes compitiendo entre sí, impulsados por la demanda y utilizando todas las posibilidades que ofrece el “mapa digital”. Chris Anderson, generador de la teoría de la larga cola, cree que Internet ha generado un acceso libre y abierto a la propiedad intelectual, por lo que la posibilidad de hacer dinero debe basarse en la venta de muchos contenidos por poco dinero cada uno, (Muchos poco vs pocos mucho), que no debe confundirse con la gratuidad: la gente sólo paga por aquello que vale la pena. El pago es, por lo tanto, garantía de que lo menos valioso no durará y de que cuantos más usuarios paguen más baratos serán los contenidos.

    No hay ni se promueven estudios de casos para comprobar la viabilidad de los nuevos conceptos.

    Hay que replantearse las políticas de apoyo cultural, de derechos digitales,  de  derechos de autor, y de innovación. En el campo de la innovación, hay áreas claves: redes sociales, webs, producción y marketing transmediático, recolección y análisis de datos, estrategias de gestión, explotación de los metadatos, nuevos métodos de distribución, gestión económica de la gratuidad, etcétera.
    No se trata únicamente de una renovación tecnológica, que también, ni de una simple inversión de capital. Se trata de identificar los fundamentos para un negocio cinematográfico digital viable, diversificado y sostenible. Se trata de repensar el futuro de nuestro cine y de aprovechar la oportunidad digital para adoptar un nuevo modelo basado en el público, con una mayor oferta y un servicio más sensible a la demanda.

     
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